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Turismo y Animales Paseos en elefantes

Paseos en elefantes

Los paseos en elefante tienen una comprensible atracción ya que ofrecen una oportunidad única para acercarse a los animales terrestres más grandes del mundo. Cada vez son más los elefantes capturados de la naturaleza para estas actividades turísticas que hasta ahora tenían lugar principalmente en Asia pero que se han extendido también a África. Muchas de estas capturas se realizan a una temprana edad, normalmente tras matar a las madres de las crías, antes de entrenar a los animales durante años a través de métodos abusivos. Deberíamos conocer la realidad que hay detrás de estas actividades para así tomar una decisión informada.


La vida de los elefantes en cautiverio contrasta fuertemente con la de aquellos que pueden vivir en su estado salvaje, que caminan 30 kilómetros al día y establecen fuertes vínculos entre ellos que duran toda la vida. Los elefantes necesitan comer durante 14-18 horas diarias (hierbas, bambú o forraje) y beber hasta 100 litros de agua fresca. Asimismo deben disponer de sombra durante las partes más calurosas de la jornada. Debido a los entornos antinaturales en los que viven, los elefantes en cautiverio a menudo sufren de problemas debilitantes en sus delicados pies, artritis, malformaciones y, por supuesto, problemas psicológicos.


Al contrario de lo que podría parecer, los elefantes no están diseñados para soportar grandes pesos sobre sus lomos, de hecho cualquier carga de más de 150 kg supone una presión inmensa sobre sus columnas. Y las sillas de madera o hierro (llamadas howdah) que suelen usarse para los paseos, ya pesan considerablemente (pueden llegar hasta los 100 kg). Asimismo, los rudimentarios métodos de fijación, normalmente gruesas cuerdas, a menudo provocan llagas a los animales.
 

Muchas empresas de trekkings con elefantes hacen trabajar en exceso a sus animales, sin ofrecerles suficiente descanso, sin enriquecer sus vidas y sin permitirles llevar a cabo comportamientos naturales ni soltarlos de sus cadenas. Un elefante sano estaría en constante movimiento, agitando sus orejas para refrescarse y apartando las moscas con su cola. Si un elefante se encuentra quieto, puede ser una señal de que no goza de buena salud. Otros indicadores de algún tipo de problema físico son huesos protuberantes, ojos lagrimosos y falta de pigmentación rosada en la boca, lengua, orificios nasales, punta de la trompa, anos y vulvas.

Los elefantes que pasan horas encadenados y que no pueden moverse libremente, muestran comportamientos estereotipados, como balancearse de un lado a otro, de delante a atrás y a veces moviendo sus piernas de manera angustiante. Estos movimientos reflejan un estrés, aburrimiento y falta de enriquecimiento ambiental.

Muchas empresas mantienen a los animales ensillados durante todo el día, incluso cuando se acaba el paseo. Otros aspectos de los trekking que pueden afectar a los animales son la duración de los mismos, la exposición al sol directo, el acceso limitado a agua y el hecho de andar sobre superficies duras (más información a continuación).

En ocasiones en los paseos se utilizan hembras preñadas, animales enfermos, discapacitados, ciegos o heridos. En muchos casos también se emplean animales menores de 10 años de edad cuyos cuerpos no están todavía completamente desarrollados. 

A continuación, analizamos de manera más detallada las diferentes problemáticas relacionadas con esta actividad. 

ENTRENAMIENTO

Para controlar y someter a estos enormes animales, se utiliza una tecnica que implica privar al elefante (generalmente un ejemplar joven que ha sido separado de su madre) de comida y agua, aislarle en una diminuta y rudimental jaula - donde el animal no tiene la psoibilidad de realizar el más minimo movimiento, privarle de sueño, encadenarle o atarle y golpearle con ganchos metálicos en lugares sensibles - orejas y ojos. La gestión de su comportamiento se basa en la dominancia, y esto implica no sólo el castigo físico sino también la amenaza del castigo.

Dicha tecnica, denominada Pajaan, es una práctica de “adiestramiento” o mal llamada “domesticación” de elefantes que se lleva a cabo en Tailandia desde hace muchos siglos y que desafortunadamente ya ha llegado a formar parte de la cultura del país. La misma tecnica es empleada, aunque con distintos nombres, en los demás países donde se entrenan elefantes para su uso en el sector turistico. 

La finalidad de este adiestramiento es la de “romper el alma” de los animales para que se conviertan en seres sumisos e incapaces de desobedecer a las órdenes de los humanos. 

Cuanto más el animal intente rebelarse, más golpes recibe. Estos animales nunca serán capaces de olvidar lo que han vivido y después del Pajaan siempre tendrán miedo a los hombres y por miedo harán lo que estos les pidan.

Cabe destacar que varios ejemplares fallecen durante este proceso de domesticación: en tan sólo en 12 años, en el estado indio de Kerala, han muerto unos 1,000 elefantes durante su "entrenamiento".

Existe evidencia gráfica irrefutable de este proceso, como este video de National Geographic (Training Crush) o este otro vídeo de cómo se lleva a cabo el Pajaan

Incluso acabado el periodo de domesticación, se suelen utilizar ganchos metálicos para dominar a los elefantes, generalmente de manera abusiva y agresiva. Es frecuente ver heridas en la cabeza de los animales y detrás de sus orejas- sus zonas más sensibles, así como en la parte baja de sus patas y pies.

 

ACCIDENTES Y OTROS RIEGOS

Como hemos indicado, en muchos casos las crías de elefantes que luego se utilizarán en la industria del turismo son separadas a la fuerza de sus manadas familiares en la naturaleza usando armas y en ocasiones incluso helicópteros. Capturar un animal joven de la naturaleza, separarlo de sus familiares y someterlo a una domesticación violenta, le provoca en la mayoría de los casos daños psicológicos irreversibles y le resulta altamente estresante. Este factor unido a la frustración de los instintos de estos animales en cautividad, hace que sean impredecibles.

Como respuesta a los malos tratos o a causa de un incidente que pueda asustarles o provocarles, los elefantes pueden alborotarse furiosamente. Con su gran tamaño, incluso un pequeño paso en falso puede resultar mortal. Y los elefantes, bien conocidos por su prodigiosa memoria, a menudo acaban rebelándose contra sus adiestradores y atacándoles. Existe un largo historial de accidentes en paseos o espectáculos con elefante, algunos de los cuales pueden consultarse en este artículo.

Es también práctica común emplear a elefantes en su época de musth (un estado que padecen los elefantes machos y que suele coincidir con el aumento de su apetito sexual), cuando están especialmente nerviosos y agresivos y suponen un riesgo adicional para las personas que los rodean.

El contacto con los elefantes plantea también riesgos de salud por la posible propagación de enfermedades. Los elefantes pueden transmitir enfermedades peligrosas a las personas, como por ejemplo la tuberculosis.

INCOMPATIBILIDAD CON LA FISIONOMIA DE LOS ELEFANTES

Incluso si los métodos de entrenamiento empleados no implicaran el uso de la violencia, los paseos con turistas seguirían siendo una actividad incompatible con la anatomía de los elefantes desde varios puntos de vista.

LA COLUMNA VERTEBRAL

El esqueleto de un elefante, al contrario de lo que puede parecer por el aspecto de robustez y el enorme tamaño de estos animales, está “diseñado” para cargar sólo su propio peso y cualquier carga de más de 150 kilos supone una presión inmensa para su columna.

La forma arqueada de la espalda del elefante asiático hace que el peso de la howdah (silla típica de montar y que puede llegar a pesar hasta 100 kg), o de cualquier otra montura, recaiga justo en mitad de la espina dorsal, y es por eso que elefantes que pasan años siendo utilizados para el trekking pueden acabar con graves daños en la columna; algunos animales incluso tienen síntomas de daños neuronales e inflamación crónica en esa zona concreta de su espalda.

La espina dorsal de un elefante es muy particular: en lugar de discos intervertebrales lisos y redondos, los elefantes tienen protuberancias óseas con forma puntiaguda que se extienden hacia la parte superior desde la columna vertebral. Estas protuberancias óseas y el tejido que las protege son vulnerables al peso y a la presión que se ejerza desde arriba. Y dado que los elefantes tienen que cargar a su mahout y a hasta cuatro turistas adultos, el peso potencial que éstos representan (hasta un total de 450 kg) resulta altamente perjudicial para ellos.

Algunos sistemas de sillas resultan además más peligrosos que otros, no sólo por el propio peso, sino por el diseño. Las sillas pueden llegar a causar daño en la piel que queda debajo, haciendo rozaduras, y causando lesiones que pueden verse frecuentemente en las zonas donde se fijan las sillas, por ejemplo alrededor de la base de la cola. Hay muchos tipos de sillas distintos, según sigan el modelo más tradicional o el más moderno: este último suele dejar un espacio libre a lo largo de toda la columna, que puede ayudar a reducir el dolor.

Cuando no están trabajando además, la mayoría de los elefantes pasan el tiempo encadenados, generalmente con la silla puesta. Desde el punto de vista de su salud, este encadenamiento también conlleva un problema, ya que se les obliga a permanecer en una postura innatural para ellos, como por ejemplo con las patas traseras estiradas hacia atrás en lugar que justo debajo del cuerpo, siguiendo la línea de su peso: esta distribución anormal del peso puede causar serios daños en sus articulaciones.

A esto obviamente, hay que sumar las heridas que llegan a provocar las cadenas, la presión y los múltiples roces.

LOS PIES

Otra parte altamente vulnerable del cuerpo de los elefantes son sus pies. Los pies tienen que soportar un peso enorme. Los elefantes pueden caminar de manera segura sobre superficies blandas, como es el terreno natural con vegetación. Sus pies no son adecuados para caminar sobre superficies duras, ya que esto acaba produciendo abrasiones sobre las almohadillas protectoras situadas en las plantas de sus pies. Si estas plantas quedan dañadas, los huesos del interior del pie acaban prácticamente sin acolchamiento, sin amortiguación contra el impacto del suelo, y hace que la simple acción de caminar se vuelva dolorosa para ellos.

Este tipo de problemática, que se añade a las numerosas horas que estos animales tienen que permanecer parados de pie y generalmente encadenados, lleva también a que muchos elefantes que viven en cautiverio acaben sufriendo de artritis, una patología tan grave para estos animales que en numerosas ocasiones acaba resultando mortal.

LA PIEL

También la piel de los elefantes es muy sensible al tacto y al dolor. La parte más superficial de su cutis está llena de terminaciones nerviosas, y es un elemento fundamental para las relaciones sociales ya que estos animales la usan para comunicarse a través del cuerpo a cuerpo.

PROCEDENCIA DE LOS ANIMALES

Aproximadamente a partir del año 2000, Tailandia (país donde tienen lugar la mayoría de actividades turísticas con elefantes) ha vivido un verdadero boom turístico que ha supuesto un rápido y creciente aumento de los campamentos de estos animales (más información sobre estos centros aquí).

Una industria tan floreciente tiene necesidad de muchos ejemplares. Sobretodo de animales jóvenes, a los que resulta más fácil enseñar los diferentes trucos y que más éxito tienen entre los visitantes.

Disponer constantemente de animales jóvenes es complicado, sobre todo teniendo en cuenta que los elefantes en cautividad casi no se reproducen.

Es por este motivo que el tráfico ilegal de crías de elefantes juega un papel importante en el suministro de animales a la industria.

Los elefantes son cazados en el estado salvaje en Birmania, “domesticados” mediante el Pajaan y, finalmente, llevados a Tailandia y vendidos a los varios campamentos y “falsos orfanatos”.

Según los informes de la ONG “Elephant Family” cada año, entre 50 y 100 crías de elefantes son capturadas en Birmania para alimentar la industria turística tailandesa. Y, dato aún más preocupante, por cada cría capturada hasta cinco elefantes adultos o adolescentes de su familia tienen que ser abatidos.

Birmania es segundo solo a la India por lo que al número de estos animales en el estado salvaje se refiere, pero hoy en día, se estima que tan solo cuenta con una población de 5000 individuos. Que podrían haber desaparecido del todo en menos de 10 años.

Siempre según Elephant Family, en los últimos 100 años se ha perdido el 90%  de la población de elefantes asiáticos y mientras el mundo entero se indigna ante la masacre de elefantes africanos a mano de los cazadores furtivos, en Asia estos animales están desapareciendo mucho más rápidamente y de manera mucho más silenciosa.

Con un escaso total de entre 25.000 y 35.000 elefantes asiáticos que viven en el estado salvaje en todo el mundo, por cada 20 elefantes africanos a duras penas queda 1 asiático. No es de extrañar por lo tanto que estos animales sean clasificados como “amenazados” en la lista roja de la International Union Conservation of Nature (IUCN).

A pesar de todo esto, el tráfico ilegal de elefantes de Birmania a Tailandia se sigue perpetuando sin excesivas dificultades para sus responsables.

En la actualidad, el coste de una cría de elefante ya domesticada a través del “Pajaan” varía entre los 17.000 y los 24.000 € aunque se cree que, debido a la creciente necesidad de estos animales por la industria turística, puedan haber incentivos “extra” por sus traficantes.

A pesar de que en 2013 las autoridades efectuaran algunas inspecciones, estas no resultaron muy efectivas. Para que realmente surtieran efecto, estas acciones deberían llevarse a cabo en todos los diferentes centros de Tailandia y sin ningún tipo de aviso previo, para que así no resulte posible mover a los animales de un sitio a otro.

A día de hoy, el único resultado de los controles realizados ha resultado ser la creación de rutas alternativas para desplazar a los elefantes de Birmania a Tailandia.

Los intereses políticos y económicos detrás del contrabando de estos animales hacen que resulte muy complicado recaudar datos e información acerca de la magnitud real del tráfico de elefantes.

Según las ONGs locales, la única solución posible para frenar la caza de estos animales sería obligar a nivel legal a registrar las crías de elefantes nacidas en cautividad antes de las dos semanas de edad: actualmente esto no se tiene que hacer antes de que los animales hayan cumplido los 8 años. Así mismo, sería necesario crear una base de datos con el ADN de los elefantes, endurecer los controles en la frontera y las penas para los traficantes.

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