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Turismo y Animales

Delfinarios

Miles de cetáceos (delfines, orcas y belugas) viven en cautividad en al menos 250 centros por el mundo. En los delfinarios, ya sea dentro de parques zoológicos o acuáticos, los animales deben participar en espectáculos diarios para el entretenimiento de los visitantes, sesiones de fotos, interacciones dentro del agua e incluso programas de delfinoterapia.

Las necesidades básicas de los cetáceos, especies que recorren grandes distancias a diario y que forman grupos sociales muy complejos, hacen que sea imposible garantizar su bienestar en condiciones de cautividad. La alimentación a base de pescado congelado y que obtienen a cambio de obedecer las órdenes de los entrenadores, también tiene consecuencias negativas para su salud y lleva asociada la inutilización de su sentido más característico: la ecolocalización.

Su conducta natural se ve modificada de forma drástica: además de realizar comportamientos que jamás llevarían a cabo en la naturaleza y no disponer de un entorno rico que explorar, los cetáceos marinos en cautividad pasan la mayor parte de su tiempo con la cabeza fuera del agua, esperando recibir órdenes o comida. En su hábitat natural, estos mamíferos marinos transcurren el 80% del tiempo bajo el mar, relacionándose con el entorno, buscando alimento y nadando: salen a la superficie tan sólo para respirar.

Desafortunadamente, la forma de la mandíbula de los cetáceos se parece a un rictus que los humanos suelen asociar a una sonrisa y que proyecta la falsa imagen de unos animales felices. En realidad, la mayoría de ellos están deprimidos y estresados debido a la vida en cautividad, por lo que tienen que ser medicados diariamente y acaban enfermando o volviéndose agresivos.

Japón, China, EEUU, México, Rusia, Ucrania y España son los 7 países con mayor número de delfinarios. España encabeza la lista en la UE con 12 delfinarios, dentro de los cuales viven unos 100 delfines, 6 orcas y 2 belugas.

España se considera el “delfinario” de Europa: es el país con mayor número de delfinarios de todos los estados miembro. Estos centros se rigen por la Ley 31/2003, de 27 de octubre, de conservación de la fauna silvestre en los parques zoológicos. Es decir, los delfinarios en España deberían tener un papel en la educación, investigación y en la conservación. Además, deberían alojar a los animales en condiciones que permitan satisfacer sus necesidades biológicas y no deberían consentir su utilización en espectáculos ni otras actividades que se encuentren claramente alejadas de las tareas educativas. Estas condiciones se incumplen sistemáticamente en todos los centros de este tipo de la Península Ibérica.

Países como Costa Rica, Chile o India ya han prohibido el mantenimiento de cetáceos en cautividad. Otros han conseguido acabar con los delfinarios prohibiendo la importación de nuevos animales (Suiza) o bien poniendo unos requisitos demasiado estrictos como para que los centros puedan cumplir la ley (Reino Unido).

Por otro lado, la explotación de los delfines para el entretenimiento de los turistas es cada vez más preocupante en los países del Sudeste Asiático, donde nos encontramos por ejemplo con circos itinerantes con delfines, o con hoteles que mantienen a cetáceos hacinados en condiciones lamentables en sus propias piscinas.  

Otros “paraísos turísticos” como México como Bahamas también cuentan con hoteles y diferentes tipos de infraestructuras donde los turistas pueden nadar e interactuar con delfines: una actividad que no solo tiene implicaciones negativas para los animales sino también muchos riesgos para las personas.  

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