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Turismo y Animales

Corridas y Fiestas con Toros

Las corridas de toros tal y como las conocemos en la actualidad tienen su origen en el S. XVIII. España es el país exportador de esta polémica fiesta en la que se tortura a un animal que tiene que luchar por su vida en una situación de profunda desigualdad.

A pesar de los avances generados por los movimientos sociales que piden el fin de esta práctica, el sector la pretende proteger en nombre de la “excepcionalidad cultural”. Esto permite que las corridas siguen siendo una celebración presente no sólo en España, si no en ciudades de Francia, Portugal, Venezuela, México, Argentina, Perú, Colombia o Ecuador.

En Francia, por ejemplo, las corridas están prohibidas desde 1951, pero su incorporación como Patrimonio Cultural Inmaterial a la UNESCO en 2011 permite que se sigan celebrando en ciudades con una fuerte tradición como Nimes o Arlés. La misma dinámica la encontramos en Colombia, donde en 2004 fue aprobada una ley que declara las corridas de toros “una expresión artística de los seres humanos”. Además de las corridas, Colombia cuenta también con otras fiestas crueles, como la “Corraleja” y el “Coleo”. México por su parte, tiene la industria taurina más prolífica del mundo. Cuenta con más de 500 plazas, entre las que se encuentra “La Monumental”, la más grande del mundo en Ciudad de México.

Aunque ya no sean tan populares como hace unos años, debido a una falta de legislación que prohíba cualquier forma de maltrato animal, las corridas de toros se siguen organizando también en Venezuela así como el deporte del “Coleo”, donde los jinetes tienen que conseguir que el toro caiga al suelo tirando de su cola.

En Ecuador se lleva a cabo una fiesta llamada “Toros de Pueblo” que aunque no suela acabar con la muerte del toro, implica un grandísimo estrés para el animal y la posibilidad de acabar herido. Y en Brasil, aunque las corridas estén prohibidas, se siguen organizando fiestas como la famosa “Farra do Boi” en la ciudad de Santa Catarina, donde los bueyes son torturados y matados de una manera extremadamente violenta.

En Perú también todavía se organizan unas 350 corridas de toro al año. A pesar de la existencia de leyes nacionales de protección animal para los animales domésticos y en cautividad, los toros y las peleas de gallos están legalmente exentos.

Por suerte, un número mucho mayor de países en todo el mundo – Canadá, Cuba, Alemania, Italia, Países Bajos, Nueva Zelanda o Reino Unido – ha prohibido por ley la organización de estas crueles actividades.

A pesar de esto, se suceden los intentos para mantener a flote esta tradición, tal y como lo demuestra el reciente acuerdo entre España, Francia y Portugal para la creación del Consejo Internacional de la Tauromaquia (CIT).

Este el motivo por el que es tan importante mostrar nuestro rechazo a estas celebraciones. Si tu destino turístico es un lugar en el que se organizan corridas de toros, no acudas y no participes en ellas.

Sobre todo, ten en cuenta que en muchos casos, son celebraciones unidas a ritos religiosos y festivos en los que el abuso de alcohol y la sensación de euforia de los asistentes ponen en grave peligro la seguridad, tanto de las personas, como la de los toros aún más si cabe.   

Por último, recordamos que el España informe de la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y el Maltrato Animal (AVATMA) sobre el Bienestar Animal en espectáculos (Almagro, 2017), reconoce el sufrimiento de los toros, antes y durante la corrida, así como en el momento de su muerte en la plaza. Los parámetros veterinarios demuestran el dolor derivado del uso de armas y la naturaleza de una muerte agónica tras el estoque con la espada y el uso de la puntilla (prohibido por la Organización Mundial de la Salud Animal en el año 2006 por considerarse cruel e inhumano), con el que el 80% de los toros muestran signos de consciencia hasta 4 minutos después de haber sido apuñalados en la base del cráneo. Esto implica que en multitud de ocasiones, los toros aún están vivos cuando se les corta las orejas (entregadas como trofeo al torero) e incluso cuando son desangrados tras salir de la plaza. 

 

 

 


 

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