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Turismo y Animales

Encantadores de serpientes

En la India, el encantamiento de serpientes es ilegal desde 1970 pero se sigue llevando a cabo en determinadas comunidades rurales, mientras que en Marruecos y Túnez es todavía bastante común ver a encantadores de serpientes. En Marruecos se les conoce como los aissauas, una orden religiosa con más de 500 años de historia que capturaba a las serpientes creyendo en sus propiedades curativas y las exhibía públicamente en mercados y zocos tradicionales. Sin embargo, en la actualidad esta actividad está cada vez más enfocada a obtener beneficio de los turistas, por lo que cada vez es más frecuente ver a los encantadores alrededor de centros turísticos, generalmente pidiendo dinero a cambio de fotos. Esta explotación ha provocado un descenso en la población de determinadas especies. En 2014, existían al menos 86 aissauas solo en Marruecos, 70 de ellos permanentemente en Marrakech.

Entre las especies más utilizadas se encuentran las cobras y las víboras bufadoras, cornudas o del Magreb; todas ellas especies muy venenosas. También se utilizan culebras de herradura, culebras bastardas, falsas cobras, culebras de schokar y viperinas. Estos animales son capturados de su hábitat o compradas directamente a cazadores

Condiciones de vida

Las serpientes, capturadas de su hábitat natural, pasan a vivir en pequeñas cajas de madera de unos 15 x 40 x 60 cm.  Dentro, es común el hacinamiento de distintas especies lo que provoca en ocasiones depredación, canibalismo o envenenamiento.

No todas las serpientes reciben la misma atención: a las especies más caras (cobras y víboras bufadoras) se ofrecen ciertos cuidados, mientras que a las de menor valor apenas se proporcionan atenciones o alimento, y terminan muriendo por deshidratación e inanición al cabo de pocos meses.

Las serpientes apenas logran vivir unos meses en estas condiciones y cuando mueren se extraen su piel y su carne es utilizada para alimentar al resto de serpientes.

El misterio del encantamiento

El aparente estado hipnótico de las serpientes en estas actividades se debe en realidad al dolor, la deshidratación y al estado de inanición en el que se encuentran. La visión de la flauta constituye la de un posible depredador, por lo que las serpientes se yerguen en actitud defensiva y para seguir luchando por su supervivencia,

Una vez capturadas y para evitar mordeduras, se suele cortar los colmillos a las serpientes y atar sus bocas con pequeñas cuerdas de plástico que solo les permite sacar la lengua. Es frecuente ver ejemplares con la boca deformada por la mutilación de sus colmillos (en especial en las especies venenosas) que se lleva a cabo cada cierto tiempo dado que regeneran sus dientes. También se les quitan las glándulas de veneno con métodos inapropiados y con técnicas poco higiénicas. Las serpientes apenas son capaces de comer y se encuentran en un estado de inanición. Estas condiciones de vida provocan que la mayoría mueran de hambre o de las infecciones derivadas de la mutilación.

Es esencial que como viajero responsable no pagues nunca por la foto o el “espectáculo” de un encantador de serpientes. Mientras el turismo siga financiando estas actividades más difícil será la correcta regulación de estas tradiciones en su país de origen.

 

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