Paseo en camello en Marruecos: la experiencia de una viajera

¿Estás pensando realizar un paseo en camello en Marruecos?
Hace unas semanas nos escribió una viajera para contarnos su experiencia: a continuación la compartimos contigo y esperamos pueda ayudarte a tomar una decisión informada y acorde a tu preocupación por la protección animal.

¿Dónde tuvo lugar la actividad y quién la organizó?

En el desierto de Merzouga, Marruecos.
Nosotros lo hicimos por medio de una agencia en Marrakech “Top Kech Travel”.
Contratamos con ellos el tour 2 días 1 noche en el desierto desde Marrakech, pero viajamos en una Van donde encontramos personas que habían reservado la misma experiencia con otras agencias de la ciudad. Y lo mismo ocurre cuando llegas al destino final, que se suman a la actividad turistas que provienen de otros puntos de Marruecos, y de distintas agencias también.
Por lo que entiendo es un tema más de la organización por parte de los camelleros de la
zona, que de las agencias en sí.
Antes de nada, me gustaría destacar, que esta denuncia no tiene la más mínima intención de poner en evidencia a estas personas en concreto.
Nada más lejos de mi intención es complicar ulteriormente sus vidas. Ya que quizás, este tipo de actividades, aun siendo inmorales y crueles, les hayan podido ofrecer una vida algo más digna que la que su propio entorno les ofrece. No me gustaría omitir que estamos hablando de países en los no solo se vulneran los derechos de los animales, sino que muchos de los derechos humanos también.
El propósito de mi denuncia es básicamente concienciar a los que visitamos estos países con fines lúdicos, y nos hacemos los ciegos ante tal maltrato. Y el problema quizás no es tanto que lo ignoremos sino participar de ello, fomentando así que este tipo de prácticas se siga realizando de la misma forma.

¿Nos puedes explicar exactamente qué no te gustó de lo que viste?

Partimos por la mañana desde Marrakech, nueve personas en una Van, y nos soltaron a las puertas del desierto de Merzouga.
Allí nos juntábamos con otras 15-20 turistas más, procedentes de otros puntos de Marruecos y de diferentes agencias, todos agrupados para hacer la misma actividad.
Nos dividieron en grupos de 8 personas y se dio comienzo el tour en camello hacia las Jaimas, donde pasaríamos una noche.
Yo avisé antes de que no iba a montar, que iría a pie siguiendo al camellero.
No pusieron impedimento, pero de igual manera, el camello que a mí me correspondía montar también haría el recorrido en hilera: los animales iban todos amarrados por la boca, construyendo una línea de 8 camellos dirigidos de la soga principal que el camellero tiraba al frente.
A la par de la hilera, venía un camello pequeño, parece que era su primera vez y lo estaban adiestrando a seguir al resto.
El pequeño andaba algo agitado, rebelde, no quería caminar, a ratos se paraba, gritaba, se volvía a parar… se le veía cansado, como al resto de animales. Cuanto más se negaba el pequeño a caminar, más fuerte tiraban de él entre risas…
Yo me iba quejando, me pareció horrible lo que le estaban haciendo, y les pedí que por favor regresaran con el camello al refugio, pero obviamente me hicieron caso omiso y continuaron tirando de él.
En un punto del camino, era tanto el ímpetu del pequeño por liberarse, que tomó fuerzas y dio un fuerte giro, tirando al camellero a la arena, y entonces ya sí se plantó firme y se paró.
Por más que tiraban de las riendas ancladas de su boca este ya no caminaba, gritaba, y mucho. Se le veía devastado, pero se negaba a seguir.
Entonces llegó otro camellero por detrás, con un cigarrillo encendido y le quemó el lomo. El camello dio un gemido desgarrador, y ahí ya si intervenimos varios para protestar por ese maltrato.
Ellos continuaban con sus risas, pero al ver que nosotros nos enfurecíamos cada vez más terminaron por salirse del grupo e ir por otro camino, a seguir entrenando al pobre animal….
Nosotros seguimos caminando con la hilera de camellos hasta las Jaimas, fue triste conocer tan de cerca como los adiestran, y saber que ese joven camello, seguramente cansado de tantos intentos fallidos por liberarse, pronto acabaría por someterse a seguir las riendas, tal y como lo estaban haciendo los camellos adultos, los cuales obedecían sumisos las normas.
Al llegar a nuestro destino, a medida que los turistas se iban bajando de los camellos, los camelleros los iban cogiendo de una de las patas, se la ataban en el aire y a continuación tiraban de ellos hacia abajo, con la pata ya doblada e inmóvil, para asegurarse que estos no se moverían de ahí hasta que los turistas regresamos al día siguiente, 12 horas aproximadamente más tarde.
Fue muy triste escuchar esos quejidos de dolor al inmovilizarlos mientras los forzaban a
Tumbarse.
En definitiva, la cara amarga de lo que debería ser solo una dulce experiencia, la de dormir bajo el manto estrellado del desierto.

¿Quieres compartir tu experiencia de viaje con nosotras? ¡Escríbenos a turismo@faada.org y ayúdanos a concienciar a más viajeros!

26/04/2019

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