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Turismo y Animales

Centros de Tigres

El tigre asiático es uno de los animales más amenazados. Catalogado ‘en peligro de extinción’ dentro de lista roja de la UICN y protegido por el Convenio de CITES desde 1987. Por ello, el descenso de su población es un dato alarmante. Hace unos cien años existían unos 100.000 tigres en toda Asia mientras que hoy el número apenas supera los 3.500 individuos. Una de las amenazas es precisamente, su captura ilegal para convertirlos en atracción turística. Debido a una creciente demanda, el número de tigres cautivos va en aumento. Los últimos recuentos realizados en 2016 por la World Animal Protection señalan que solo en Tailandia existen 830 tigres - 200 más que en 2010-, repartidos en 17 centros diferentes. Dada la popularidad de las fotografías en redes sociales y los propios selfies, miles de personas acuden a estos centros creyendo que una simple instantánea es inofensiva, recomendado su experiencia a través de portales de viajes como un contacto único con fauna salvaje. Sin embargo, es esta demanda la que permite que esta actividad se mantenga, perpetuando así una vida de sufrimiento para estos tigres y haciendo peligrar la continuidad de la especie.

El templo del tigre, un triste legado de explotación

Uno de los peores ejemplos de este tipo de explotación tuvo lugar en el conocido como Templo del Tigre en Kanchanaburi (Tailandia). 140 tigres vivían en pésimas condiciones lejos de cualquier estándar de bienestar, tolerando un altísimo nivel de estrés debido a la gran cantidad de turistas  - más de 800 visitantes al día-, que interactuaban con ellos para alimentarlos y hacer fotos. Los tigres pasaban gran parte del tiempo drogados y para facilitar su manejo se les solía extirpar las garras, una intervención profundamente dolorosa conocida como desungulación. Además, el personal del “templo” exponía a los turistas a verdaderas situaciones de peligro, animando a tocar a los tigres incluso cuando éstos se mostraban agresivos. Para asegurar su sumisión, los trabajadores recogían la orina de los tigres en botellas que después rociaban en sus caras, en un intento de reproducir el comportamiento de estos felinos en su estado natural, donde la orina es una muestra de agresividad en un animal dominante. Los tigres pasaban la mayor parte del tiempo encadenados y expuestos a altas temperaturas. Tras años de investigación, el informe publicado por la organización CEE4Life  en 2015 denunció la captura, cría y posterior desaparición de varios tigres y demostró la ilegalidad y el carácter lucrativo del falso templo. La presión que durante años ejercieron distintas organizaciones internacionales y locales, junto con la posterior popularización de un video que mostraba la violenta agresión a uno de los tigres, consiguió que las autoridades tailandesas clausurarán el centro en 2016. El hallazgo de 40 cadáveres de crías congeladas confirmó las sospechas que vinculaban al templo con el comercio ilegal de carne y otros productos derivados de la muerte de los tigres (piel, dientes, huesos, etc.).

Actualmente y tal como explican desde la World Animal Protection (WAP), la situación de los tigres en los 17 centros aún existentes perpetua prácticas crueles y comportamientos innaturales en los animales. Desgraciadamente, y pesar de los esfuerzos de las distintas organizaciones, en 2018 la apertura de un nuevo centro de tigres, el Tiger Temple Co Ltd., amenaza con aumentar esta oferta. Además, tal y como demuestran varias informaciones, los responsables del antiguo Tiger Temple estarían detrás de este nuevo centro, obteniendo el beneplácito de las autoridades tailandesas.

Reproducción

A pesar de no estar inscritos en ningún programa oficial de reproducción, los centros continúan criando, separando a las crías de sus madres. Aprovechan el tirón de los cachorros y, por un precio superior, ofrecen a los turistas fotos dando el biberón a las crías. De forma natural, las madres no abandonarían a sus crías hasta pasados los dos años, por lo que la intrusión humana impide la expresión de conductas naturales en estos animales.

Alojamiento

Las recomendaciones en materia de bienestar para los parques zoológicos estiman un espacio de al menos 500m2 por pareja de tigres o para una hembra y sus cachorros, que incluya un espacio amplio abierto y otro cubierto. Debe de contar con estructuras para trepar y agua para que naden, así como diversidad de elementos enriquecedores. Sin embargo, la mayoría de los tigres observados por la WAP viven en jaulas o recintos inferiores a 20m2, sin apenas enriquecimiento físico ni psicológico suficiente.

Comportamiento

Los tigres manifiestan conductas estereotipados tales como morderse la cola o caminar de un lado a otro repetidamente. Dichas estereotipias redirigen la frustración de estos animales, incapaces de tolerar las situaciones de estrés a las que son expuestos.

La ya comentada desungulación tiene graves consecuencias para los tigres:

  • Modifica la conformación del pie de los animales, provocando daños en las almohadillas, provocando una pisada en un ángulo antinatural que suele causarles dolores en la espalda.
  • Desarrollo de dolor crónico en la espalda y las articulaciones dado que los músculos de hombros, piernas y espada se les debilitan.
  • Al perder las garras, les cuesta agarrar la carne para comérsela, dificultando también su alimentación.
  • La extirpación puede incluso afectar la personalidad de los animales, ya sea haciéndolos más apáticos, nerviosos o asustadizos y, por tanto, agresivos.
  • Muchos de los grandes felinos desungulados que han podido ser rescatados, han necesitado complejas cirugías para tratar de corregir algunos de estos problemas.

Conservación

Dado el exclusivo carácter lucrativo de esta actividad, en estos centros no existe un proyecto conservacionista ni de reintroducción. Tratándose además de animales que han experimentado un trato estrecho con humanos, la puesta en libertad no es una opción viable y es potencialmente fatal para los propios tigres, así como para el resto de especies con los que compartirían el hábitat.

Además, el requisito de cualquier programa de conservación se basa en asegurar la genética y la historia de los progenitores. Sin embargo, tal y como demostró el caso del Templo del Tigre, la adquisición e historial de los tigres nunca fue transparente y la desaparición de varios ejemplares sin dejar rastro demostró la ilegalidad del falso programa de conservación. Dada la falta de éxito en la reintroducción de grandes felinos, el argumento conservacionista nunca puede ser esgrimido para justificar el cautiverio de estos animales.

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