CHIANG MAI ELEPHANT SANCTUARY: LA EXPERIENCIA DE LIDIA EN TAILANDIA

Elephant Sanctuary Chiang Mai

Elephant Sanctuary Chiang Mai

Hoy queremos compartir con vosotros la experiencia de Lidia, una viajera que nos alerta sobre un engaño que sufrió en Tailandia y que ha decidido compartir con nosotros para que ningún otro viajero caiga en al misma trampa.

Me gustaría compartir mi experiencia con vosotros para evitar que alguien cometa el mismo error que cometí yo. Ese error se basa en no haberme informado hasta estar 100% segura de que el sitio que iba a visitar era lo que esperaba.

 El 30 de enero, mis compañeros de universidad y yo nos aventuramos en un viaje de final de carrera a Tailandia que llevábamos esperando muchos meses. Supongo que la mayoría de los participantes de este blog (y asociación) son ya conscientes de lo que es Tailandia en cuestión a la esclavitud a la que están sometidos muchos animales en muchas actividades turísticas.

Soy vegetariana desde hace 3 años, por lo que, a diferencia de mis compañeros, me informé bien de no querer participar en negocios como lo de “visitar” tigres y/o elefantes. Todos comprendieron mi decisión a la hora de no querer realizar esas “actividades” junto a ellos, pues como una gran porcentaje de turistas, a ellos les pesaba más el poderse hacer una foto con un tigre que lo que suponía que se pudieran hacer una foto con un tigre.

Desinformada de mi sobre la gran cantidad de negocios FALSOS que hay, en muchos sitios estaba presentado un ‘parque natural’ de elefantes en Chiang Mai conocido como ELEPHANT SANCTUARY de CHIANG MAI.

En los folletos de este sitio, se presentaba como un lugar donde habitan unos pocos elefantes rescatados de otros sitios donde se permite a los turistas dar paseos encima de ellos, hacer espectáculos, etc. En letra bien grande, estaba escrito NO RIDING ACTIVITY. Se explicaba que la experiencia de visitar a estos elefantes se limitaba simplemente a darles de comer, jugar con ellos en el rio y barro, y dar un paseo al lado de los elefantes. Pregunté al responsable del hostal donde nos hospedábamos que si conocía este lugar y si podía afirmarme que lo que decían era cierto. (PD: El responsable me quiso vender otros parques de elefantes más turísticos del que sacaba comisión, pero al ver mi tan rotundo NO, lo dejó pasar.) No me supo decir con certeza si el sitio era fiable, por lo que, confiando en que quizás 1 sitio de los 20 presentados era distinto a los demás, fui a visitar este parque.

El parque

A 2 horas en coche del centro de Chiang Mai, se encontraba el ‘santuario’. Las primeras impresiones fueron buenas, como por ejemplo que para llegar a donde estaban los elefantes, se tenía que hacer un mini trekking de 10-15 minutos montaña abajo hasta llegar a la zona del río. Pensé ‘bueno, al menos sí que es una zona totalmente natural’. Al llegar a su lado, la única edificación que vi fueron dos casitas pequeñas, una donde guardaban la comida, y otro un WC para los turistas. Dije ‘bueno, pasable, no han ocupado mucho hábitat’.

Cuando nos presentaron a distancia a los elefantes, ya dijeron algo que no me hizo ninguna gracia. Dieron a entender que los elefantes estaban muy calmados porque, menos el bebé, el resto forman parte de otro parque donde sí que permiten a los turistas subirse y pasearse encima de ellos. Primera gran mentira del folleto: ‘animales rescatados’, donde están?

Entonces, nos repartieron grandes bolsas con rabanitos para darles a los elefantes. A partir de aquí, empiezan las mayores decepciones:

–          Al acercarnos, nos percatamos de cómo los elefantes llevaban una cuerda alrededor del cuello con una campana. Pregunté la razón, porque al fin y al cabo en el folleto ponían que estaban en libertad total, y estar con una campana sonando todo el día y una cuerda rozándote el cuello no le veo mucha relación a libertad. Su respuesta fue que ‘es para saber donde están’.

–          Mientras le estábamos dando de comer, oí como uno de los miembros del parque estaba ofreciéndole a uno del grupo si quería subirse al elefante. Me giré y lo que vi ya me afirmó que ese sitio no era ningún santuario. Ese mismo miembro del parque llevaba un pequeño pincho escondido en el puño de la mano con el que daba golpes a la pata de atrás de uno de los elefantes para que éste se arrodillara permitiéndole al turista subir. Muy contentos, todos fueron subiendo, mientras yo estaba con la boca abierta tanto por mi estupidez de haberme creído la falsa publicidad del sitio como por ahora tener que estar soportando este espectáculo. Indignada, me dirigí a otro de los miembros y les dije que yo no había pagado para estar viendo esto, que en el folleto ponía claramente NO RIDING. Su respuesta? ‘No están paseando, solo están subiendo.’ Aun más indignada, dije que al igual que había pagado por este negocio ahora quiero que me devuelvan a la ciudad para no tener que soportar eso. Su respuesta? ‘Perdona, son solo 10 minutos, para que se hagan la foto, ya está. Ahora iremos a jugar con ellos’. El que ignorara mi petición aun me hizo enfurecer más. Me dirigí a la entrada del parque a esperar las horas que fueran con tal de no ver más. Otra de los miembros del parque, se acercó a preguntarme si estaba bien y le expliqué toda la situación mostrando mi enfado. Ella me dijo que no se les trataba mal, que eran elefantes protegidos por la misma reina. Pero no pudo negar que cosas importantes del folleto eran mentira.

–          Desde lejos, pude ver como la siguiente actividad era mirar como el bebé elefante se tiraba una y otra vez al río cogiéndose de una cuerda y soltándose. Espectáculo puro.

–          Además de lo del bebé, vi como algunos turistas se añadieron al juego en el agua cuando los demás elefantes se acercaron, y los miembros del parque los tiraban de las orejas para que se metieran en el agua, aunque algunos de ellos estuvieran demostrando mediante forcejeos que no les apetecía para nada meterse en el agua en ese momento.

Pasaron las horas. No acepté ni la comida que me daban. Estaba muy decepcionada. Una compañera me insistió a realizar la ultima actividad, que era el paseo al lado de ellos. Accedí con tal de estar al lado de los animales, aún sabiendo que estaba participando en este negocio.

En definitiva, no cometáis el mismo error que yo y buscad hasta estar al 100% seguros si un sitio que queráis visitar es lo que esperáis.

Solo me queda decir que, una vez ves con tus propios ojos algo de lo que tanto se habla como por ejemplo esta esclavitud a la que están sometidos los elefantes en Tailandia, las ganas de luchar contra estos negocios aumenta. Sé que la pequeña aportación mensual de una estudiante de Turismo y esta anécdota en el blog, no va a cambiar las cosas. ¿Pero os imagináis miles de estudiantes de turismo con sus pequeñas aportaciones mensuales y sus propios testimonios?

Desde que FAADA se presentó en nuestra universidad, se ganó mi voto de confianza. Gracias por existir, por luchar por nuestros compañeros de planeta, y por permitirme contar mi experiencia!

 

Esta entrada fue publicada en Consejos de viajeros, Destino Asia, Sin categoría, Tú denuncias y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*